Naturaleza, ética y arquitectura Naturaleza, ética y arquitectura

Extracto de la tesis. 
NATURALEZA, ÉTICA, Y ARQUITECTURA
(Autenticidad y criterios éticos que integran el desarrollo de una arquitectura más sostenible)
Leída en la escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, 3 de diciembre de 2014. 

Director de tesis: Justo García Navarro.

(extracto de la tesis "Naturaleza, Ética y Arquitectura")

2.4 PARA QUÉ Y PARA QUIÉN SE HACE ARQUITECTURA SON PREGUNTAS ÉTICAS.

El proceso arquitectónico, como todos, es una articulación de toma de decisiones. Esto implica primero hacer y tener presente una determinada selección de valores. Se haga ésta de forma consciente o inconsciente, es aquí principalmente, en el criterio de elección, donde radica la aplicación de la ética aristotélica, es decir, considerar que el bien es el fin último de las cosas, y por tanto de las acciones humanas. En el momento en que se plantea una decisión, una elección sobre elementos igualados, existe el dilema que ha de resolverse en función de criterios sobre los cuales hay establecidas prioridades. Recordemos que la ética, para Aristóteles, formaba parte de las ciencias prácticas, es decir, una acción, una actividad cuyo fin es ella misma.

Paul Valery, de forma sutil pero bastante clara, no establece los criterios arquitectónicos, sino la formulación de éstos a través de preguntas de situación. La arquitectura tiene que contestar a las preguntas clave. En su obra “Eupalinos o el arquitecto”, escrito en 1923, en el hipotético diálogo entre Sócrates y su discípulo Fedro, Sócrates expone el rigor con el que hubiera construido si hubiera sido constructor:

De entrada, desplegaría todas las preguntas, y desarrollaría un método sin lagunas. ¿Dónde? ¿Por qué? ¿Para quién? ¿Con qué fin? ¿De qué tamaño? ¡Y cercando cada vez más estrechamente mi espíritu, definiría hasta el extremo la operación de transformar una cantera y un bosque en edificios, en equilibrios magníficos! Y trazaría mis planos con la vista puesta en las intenciones de los humanos que me pagaran; teniendo en cuenta la localidad, las luces, las sombras y los vientos; escogiendo emplazamiento según el tamaño, lo expuesto del lugar, los accesos, sus circunstancias y términos palmo a palmo, ya la naturaleza profunda del subsuelo… 1

Responder a estas preguntas, elementales, previas, básicas, define la arquitectura, y la relación entre medios y fines de los que Hegel trataba. Construir, pero ¿qué? ¿Por qué? ¿Para quién? ¿Cómo? ¿Dónde? Las respuestas no son ni únicas ni tan sencillas como las preguntas, y es aquí donde reside la materia de estudio ético: en las respuestas a estas preguntas. Hegel distribuye en tres momentos la evolución de toda arquitectura, en función de fines, estableciendo tres fases, situándose en el “¿para qué?” de las preguntas básicas:

  • Simbólica o independiente: el edifico es destinado a revelar un significado general, sin más finalidad que esa revelación. Es la arquitectura de los pueblos de Oriente, Babilonia, India y el antiguo Egipto.
  • Clásica: se limita a edificar un entorno inorgánico para significados espirituales, realizados estos independientemente del entorno, como la arquitectura romana o griega clásicas.
  • Romántica: arábiga, gótica o alemana, que también construye casas, iglesias y palacios destinados a viviendas o lugares de reunión con vistas a la satisfacción de las necesidades del espíritu, religiosas o no, si bien los edifica sin pensar en ese propósito, sin preocuparse por el posible destino de tales edificios.

 

Esta clasificación, realizada hace casi trescientos años, es susceptible de aplicación a cualquier sociedad, religiosa o laica, teocrática o no teocrática. Los tratados arquitectónicos del Renacimiento en adelante son una fuente extraordinaria de reflexión arquitectónica y perfectos narradores de las razones que movieron a la arquitectura de su tiempo. Francisco di Giorgio de Martini, con fuerte influencia de Vitruvio, tituló directamente a su Libro Segundo “Por qué edificar”, y los siguientes “Por qué edificar ciudades”, “Por qué edificar templos”, “Por qué edificar fortalezas”2. Estas preguntas, que son previas a cualquier acción, son contestadas con rigor por él mismo en los prólogos de cada uno de sus tratados. Su razonamiento le dirige directamente a considerar la naturaleza humana en un horizonte intermedio entre lo material y lo espiritual: en esta reflexión coincide con otros autores del siglo XX (Guattari, Van der Laan, etc.) y que serán referencia permanente en este trabajo.