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Extracto del libro:

Edificio Lucia

Edificio Para Lanzadera Universitaria De Investigación Aplicada

Arquitecto: Francisco Valbuena y equipo de la Unidad Técnica de la UVA.

Edita/ Published By

Universidad De Valladolid

Fotografías/ Photographs

Héctor Santos-Díez & Carlos Arriaga

Diseño Y Maquetación / Design And Layout

Grupo San José

IMPACTOS  AMBIENTALES  EN EL EDIFICIO LUCIA

¿Porqué aplicar la herramienta VERDEGBCe?

 

 

María Jesús González Díaz- Dra. Arquitecta

 

 

El edificio más sostenible es el que no se construye” es un aforismo  habitualmente escuchado que oscila entre la obviedad y la inexactitud. Los seres humanos  necesitamos espacios donde acomodar nuestra vida y los edificios nos lo facilitan; además de ello, nuestras necesidades se modifican con el tiempo y los edificios han de satisfacerlas. Por otra parte, si adoptamos la definición de diccionario del término sostenible[1], no es posible realizar en puridad un edificio sostenible. Entonces, ¿cómo hacer para aplicar con un cierto fundamento el adjetivo “sostenible” a los edificios?

 

Los edificios, ya existan desde hace tiempo o sean de nueva construcción,  requieren permanentemente materiales, energía, agua y otros recursos para realizar sus funciones.  Estos entran en el edificio y salen de él transformados tras satisfacer estas necesidades. Imaginemos los edificios como espacios donde se transforman materias, elementos y flujos energéticos.  Vemos entrar en un edificio por la puerta a las personas y sus objetos.  Quizá seamos conscientes de que por algún otro lugar entran el agua, el gas, la electricidad y muchos recursos  energéticos, éstos que producen su confort interior y permiten que el edificio sea habitable. Algunos de estos recursos incluso son  gratuitos y nunca se acaban, como el sol y el aire.

 

La salida transformada de estos flujos de materiales y recursos, sin embargo, apenas se ve. Unas veces se ha realizado de forma oculta y enterrada, como sucede con el agua ya utilizada. Otras, esta transformación es invisible hasta cierto momento, como las emisiones atmosféricas, que sólo serán visibles cuando los daños y la contaminación  sean altos. La electricidad nos parece limpia porque no tenemos presente su origen, pero su producción no es inocua.  Los residuos que generan los propios materiales de construcción apenas son evidentes para nosotros; es posible que lo sean para otras generaciones, como el amianto o los restos que tardarán décadas en regenerarse.  Pero que estas salidas sean ignoradas o casi invisibles no quiere decir que sean inexistentes.

 

Imaginemos un solar libre, tal como estaba el solar del edificio LUCIA antes de ser construido, (Fig. 1) con la naturaleza y biodiversidad propia del lugar de clima castellano donde se asienta. Sobre él se ha construido un edifico que alberga unas funciones para las que ha sido necesario el uso de muchos recursos. Intentemos imaginar que este solar vuelve a su estado y naturaleza original hipotéticamente tras cincuenta años de vida. Durante ese tiempo el flujo de materiales, de recursos naturales y de energía se ha estado transformando dentro del edificio; muchos materiales se han utilizado, mucha energía ha sido consumida y ha habido un fuerte trasiego de elementos con un cierto impacto sobre el medio. Se ha producido una cierta contaminación, se han emitido gases, el agua potabilizada se ha convertido en residual…de forma general se han producido unos impactos ambientales. ¿Cuántos?¿Son importantes? ¿Se pueden medir?

Todo lo que suceda en este intervalo de tiempo a causa del edificio que allí se ha implantado, en  su relación con el medio ambiente, es medible. Esto constituye la materia de trabajo de las herramientas de evaluación de impacto ambiental de los edificios. Estas herramientas (VERDEGBCe, BREEAM, LEED, etc.) pretenden medir, evaluar y valorar todo o casi todo sobre este ciclo completo: desde los impactos ambientales de los materiales que se han utilizado, las consecuencias ambientales de sus flujos, la comodidad de los usuarios, el dinero que ha costado el mantenimiento, etc., incluso qué pasará en la hipótesis de un derribo o un desmantelamiento del edificio. 

 

Con este planteamiento, en lo que la ciencia sobre el tema indaga es que, ya que el edificio y sus necesidades de recursos son inevitables, garanticemos hasta donde podamos que el edifico es el mejor que pueda realizarse desde este punto de vista.  Ya hemos pues introducido un término comparativo: el edificio mejor. ¿El mejor comparado con qué? Y aquí surge otro concepto: el edificio que se toma como referencia para comparar es el mismo que se habría construido de no haberse tomado determinadas medidas. En este punto es donde entra la distinción entre varios métodos, estrategias y prácticas  que aseguran la consecución de este edificio mejor.

 

Hay muchos métodos para evaluar el impacto ambiental de los edificios: unos comprueban que se han tomado determinadas medidas, y puntúan y dan “créditos” según el número de ellas utilizadas. Este tipo de métodos tienen una  lista de recomendaciones o medidas  que se suponen buenas en  relación a la reducción  de impactos, y cuántas más se hayan tomado, mayor  puntuación tendrá el edificio, de forma lineal y por adición.  Son métodos prácticos y directos, en los que se puntúa el número de las medidas tomadas. El edificio obtiene tal número de puntos, luego es muy bueno desde este punto de vista medioambiental. Por ejemplo: si el edificio consigue reducir la demanda de agua en un 25% con respecto al edificio de referencia, sin alterar el uso, obtendrá 1 punto; si consigue más reducción, más puntos, etc.

 

Otros métodos, como VERDEGBCe[2], miden con parámetros concretos los resultados aplicándolos a los diversos impactos.  Por ejemplo, el uso de agua potable implica diversos impactos ambientales en mayor o menor grado e influye en la pérdida de vida acuática,  cuyo efecto es la eutrofización o pérdida de oxígeno del agua, y puede establecerse una relación directa entre  el agua vertida y el impacto mediante un indicador: kg de PO4 equivalente por kilogramo de sustancia vertida. La herramienta se encarga de asociar la demanda de agua del edificio con este indicador y medir de forma directa el impacto. 

 

Utilizando un símil deportivo, las primeras herramientas dirían “Fulano es un buen deportista porque tiene una medalla de oro”, mientras que VERDEGBCe diría “Fulano ha conseguido los 100 metros lisos en 9,72 segundos, luego es un buen deportista”. Se trata de distinguir entre causas y efectos.

 

Por otra parte, es posible que algunas de las decisiones tomadas en la construcción del edificio (la selección de un tipo de material constructivo, o determinado tipo de energía, por ejemplo) sean buenas para prevenir uno o varios tipos de impactos, pero no las óptimas para reducir otros, incluso sus efectos pueden ser contradictorios. Por ejemplo, si utilizo mucho aislamiento térmico reduzco la necesidad de energía, pero aumento el gasto de material, su transporte y dinero. ¿Dónde está el punto conveniente? Consideremos que el sistema de la herramienta VERDEGBCe se apoya en dos bases: el equilibrio y la aplicación directa del conocimiento científico, mediante el uso de indicadores de impactos.  

 

Surge otra nueva cuestión: ¿de qué impactos estamos hablando? ¿Cuáles son éstos? ¿Qué hace que unos sean más importantes que otros? Las instituciones públicas determinan estas prioridades en documentos como el Conjunto Básico de Indicadores (CSI) de la AEMA[3]. La versión de 2004 determinaba un conjunto de 37 indicadores, de los cuales el consumo de energía final y el consumo de energías renovables son unos de los más conocidos. Los otros se extienden  en áreas como contaminación atmosférica y agotamiento de la capa de ozono, biodiversidad,  cambio climático, medio terrestre, residuos, agua, agricultura, energía y pesca y transporte.

 

La herramienta VERDEGBCe tiene en consideración 12 de estos indicadores,  con las prioridades establecidas en las políticas europeas y nacionales y con el plan de gestión de la AEMA[4], sujetas a revisión periódica y vinculada con otros indicadores internacionales. En la  Tabla 1 se relacionan, en la segunda columna, las categorías de impacto analizadas por esta herramienta.  Esta tabla, aplicada al edificio LUCIA para la fase de Obra Realizada,   resume los alcances conseguidos y el éxito del edificio. Cada una de las categorías de impacto relacionadas posee sus unidades (simplificadas y resumidas en la tercera columna Tabla 1), indicadas por metro cuadrado y año.

 

El peso asignado en este momento para las diferentes categorías de impacto (columna 4 de la Tabla: se ve, por ejemplo que la categoría de impacto que más influencia tiene, con un 27% sobre el total, es la referida a Cambio Climático) se organiza según lo indicado en el Informe de la OSE sobre la Sostenibilidad en España 2007[5] y el informe periódico  del Ministerio del Medio Ambiente sobre el Perfil Ambiental de España[6]. Este “peso” de cada una de las categorías de impacto en la valoración final está relacionado con su importancia en la situación mundial en los impactos globales, y con la situación del entorno en los impactos locales y regionales. Por ejemplo, el impacto citado en segundo lugar, “Aumento de la radiaciones UV a nivel de suelo” no está puntuado precisamente porque es un impacto en reducción (el único), y el consumo de sustancias que lo producen en la construcción en España es nulo desde el año 2000, y por tanto ahora no se puntúa.

 

La columna quinta determina los impactos del edifico de referencia, es decir, el impacto que tendría un edificio sin más ambición que la de cumplir la normativa. Si el LUCIA no se hubiera arriesgado con su buen diseño, y se hubiera limitado a ser un edificio cumplidor, sin más, las emisiones de CO2 por metro cuadrado que hubiera producido serían  de 75,98 kgCO2eq  por cada uno de sus hipotéticos cincuenta años de vida, incluidas las fases de producción de materiales constructivos, demolición, etc. Sin embargo, éstas son de 8,38 kgCO2eq (columna 6), con lo cual el impacto evitado ha sido del 93,20% (columna 8). En relación a la evaluación conjunta (columna 10), su evaluación ha sido de 4,7  sobre 5, (el  valor 0 expresaría el conseguido por un edificio que  cumple la normativa; un valor medio 3 equivaldría a una calificación de buenas prácticas, y el  valor 5 correspondería a la mejor práctica posible con un coste aceptable). Esto implica una calificación más que excelente en las reducciones evitadas por el LUCIA en este impacto.

 

Con los otros impactos ambientales alistados sucede algo similar: las calificaciones son óptimas o difíciles de superar con medios económicos aceptables (la valoración económica es uno de los criterios incluidos en la categoría de impacto  “Riesgo Financiero o  beneficios para los inversores- Coste del ciclo de vida”). Las decisiones de diseño han determinado un equilibrio óptimo, de forma que el conjunto de todos los indicadores de evaluación absoluta (la Tabla 1) se obtiene de una relación armónica que asegura la consecución de un resultado muy bueno.  La ficha final de resumen de la herramienta VERDEGBCe incluye otras dos figuras (Fig. 2) que muestran de forma gráfica, directa y simple el resultado final. El diagrama de barras expresa en color verde el impacto evitado y en color naranja el impacto residual por cada uno de los 11 impactos analizados. En gris está el impacto  “Aumento de la radiaciones UV a nivel de suelo”, ya comentado. El dibujito de las hojas, de cero a cinco hojas (el máximo), resume el resultado a manera de emblema.

 

El resultado índica que difícilmente podría haber sido superado el registro final. El edificio reduce en un 31% el inevitable agotamiento de recursos no renovables diferentes de la energía primaria que toda edificación conlleva, y en más de un 90% los impactos de la edificación respecto al  cambio climático, la pérdida de la fertilidad del suelo, la emisión de productos foto-oxidantes y agotamiento de energía primaria no renovable.   Reduce en lo máximo posible, un 100%, el daño que la edificación implica en la vida acuática, el agotamiento de las aguas potables y la generación de residuos peligrosos. Todo ello garantizando la salud y el bienestar para los usuarios,  según unos criterios de valoración convenidos que aplican parámetros numéricos a aspectos sensitivos,  en un 93,3 sobre 100, y con costes económicos muy reducidos, mostrados también mediante indicadores convenidos que presentan el mejor registro posible (100%).

 

Al mismo tiempo nos está ofreciendo información concreta de magnitudes en campos totalmente nuevos, como la energía incorporada en los materiales en MJ/m2 año y cómo reducirla; cuál es exactamente  la aportación en kg/m2 año de producción de residuos no peligrosos; los kg de PO4 eq que un edificio puede suponer para cuantificar la pérdida de vida acuática, etc. Estos datos aumentan el conocimiento sobre el ciclo completo del edificio (entendido como un producto) y las mejoras que permitirán la ecoeficiencia en el futuro de otros muchos. Aporta incluso innovaciones aún no recogidas en las herramientas de evaluación, como el uso de materiales constructivos fotocatalíticos.  Respecto a estos criterios objetivos, el edificio realizado ha sido muy bueno, aproximándose  a la entelequia del  mejor de los edificios posibles, hasta donde esto es puede ser garantizado por medios científicos.

 

Cada vez que se aplican estas herramientas de evaluación de impacto ambiental de los edificios, como VERDEGBCe, se avanza en la creación de nuevas tecnologías (recordemos que la tecnología es el conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico), pues se obtienen datos para mejorar el servicio que los edificios deben ofrecer. En este aspecto, el edificio LUCIA, además de alcanzar registros óptimos,  aporta otros muchos elementos innovadores que permiten  ir avanzando en aspectos humanísticos propios de la arquitectura, además de los meramente técnicos. La función didáctica y educativa realizada sobre el propio edificio, su disponibilidad para la investigación, el fuerte compromiso con la ecología y con los recursos propios del lugar,  el especial interés en la luminosidad interior y la relación del interior con el paisaje circundante, la accesibilidad de todos espacios, el tratamiento abierto y verde de los aparcamientos, etc., conforman un campo de temas de sensibilidad propios de la arquitectura a los que se suman las innovaciones técnicas.  Los resultados habrán de ampliarse con el seguimiento del funcionamiento real del edificio en los próximos años, en los que tanto el edifico de energía casi nula como el edificio  de energía positiva (edificios que producen más energía de la que necesitan) serán temas fundamentales en la arquitectura, para los que el edificio LUCIA ya ha abierto camino.

 

 

Y, volviendo a nuestro originario aforismo “El edificio más sostenible es el que no se construye”, podríamos acuñar otro que dijera que el edificio que se construye y no utiliza la tecnología accesible nace obsoleto. Puesto que construir edificios es necesario, utilizando estas herramientas, como VERDEGBCe tenemos una cierta garantía de que se hace de la mejor forma posible que nuestra sociedad exige y nuestro conocimiento permite,  y esto es lo que se ha hecho, de forma feliz, con el edificio LUCIA. 

 

[1] Sostenible.2. adj. Especialmente en ecología y economía, que se puede mantener durante largo tiempo sin agotar los recursos o causar grave daño al medio ambiente. Avance de la vigésima tercera edición. RAE.  

[2] VERDEGBCe. Green Building Council España, GBC España. www.gbce.es

[3] Conjunto Básico de Indicadores (CSI) Guide for EEA Core set of indicators AEMA. Agencia Europea de medio Ambiente. Ministerio de Medio Ambiente 2004.

[4] AEMA- European Environmental Agency Agencia Europea del Medio Ambiente.

 http://www.eea.europa.eu/

[5] Sostenibilidad en España 2007. OSE. Observatorio de la Sostenibilidad en España.Ministerio de Medio Ambiente- Fundación Biodiversidad- Fundación General de la Universidad de Alcalá. 2007.

[6] Perfil ambiental de España 2007. Ministerio de Medio Ambiente.